sábado, 1 de diciembre de 2012

La fe y la obra. . .

La fe por sí misma si no tiene obras, está muerta

 
Debido a su artritis, Roger no pudo soportar más los inviernos de Illinois, en Estados Unidos, y se mudó a la tropical Bangkok, en Tailandia. Un día, recordó la canción favorita de su abuela, «Lo que eres»: Lo que eres habla tan fuerte que no puedo oír lo que dices.  La gente mira cómo andas, no escucha lo que dices; te juzgan por tus acciones cotidianas.

Esta canción impulsó a Roger a dar de comer a personas que no tenían una casa y que vivían en un trecho de 800 metros junto a un camino.Todas las mañanas, servía comida caliente a más de 45 familias. Años después, una de aquellas mujeres aceptó a Cristo como Salvador y buscó a Roger para agradecerle por haberle mostrado el amor de Dios.

En Santiago, se nos dice claramente que la fe sin las obras está muerta (2:17). No significa que las obras producirán fe, sino que confirmarán que nuestra fe es verdadera. Es fácil decir que creemos en Dios,
pero nuestras obras pueden demostrar la veracidad de nuestras palabras. Abraham fue un ejemplo de esto:
no solamente anduvo por fe, sino que la demostró al estar dispuesto a entregar a su hijo para obedecer a Dios.
(Santiago 2:21-24; ver Génesis 22:1-18). Y a Isaac se le perdonó la vida.

¿Cómo podemos demostrar hoy de manera práctica que amamos a Dios y que confiamos en Él?

LEA: Santiago 2:14-26

Lo que cuenta no es la fe y las obras, ni la fe o las obras, sino la fe que obra.

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